miércoles, 1 de mayo de 2013

Respuesta a Beno

Hola, Beno. Gracias por escribir. Con mucho gusto intentaré ayudarte. Sin embargo, me gustaría saber cuáles son los síntomas que denominas depresivos. Te agradezo describas cuáles son tus molestias actuales. Por ejemplo, cómo está tu estado de ánimo, tristeza, alegría, irritabilidad, tu voluntad para hacer las cosas cotidianas, el gusto por lo que te rodea; tu apetito, sueño, autoestima y concentración; tu nivel de energía, tu visión del futuro, angustia, cualquier molestia física y todo lo que puedas aportar a tu descripción.
Puedes escribir a los comentarios de la página o a la dirección que anexo. De la misma manera, puedes expresar si deseas la respuesta a través del blog o del correo electrónico. 
Gracias y saludos.
Álex González.
preguntalealpsiquiatra@gmail.com

viernes, 5 de abril de 2013

Respuesta a Pato


Hola, Pato,

Es muy frecuente que los problemas de pareja desencadenen trastornos mentales de diversa índole. Por ejemplo, tanto cuadros depresivos como ansiosos, entre otras, pueden ser desencadenados por separaciones, fallecimiento de uno de los miembros de la pareja o por vivir en medio de relaciones problemáticas.

Mi sugerencias son las siguientes:

1. Asiste pronto a consulta para recibir un tratamiento psiquiátrico o psicológico para tu estado actual y así evitar que esta situación emocional se convierta en un problema crónico.

2. Busca dentro de tí misma (idealmente con la ayuda de un terapeuta) cuáles son tus expectativas respecto al tipo de pareja y al tipo de relación que deseas. Incluye todos los aspectos posibles y sé tan exhaustiva como puedas. Este proceso te ayudará a evitar que caigas en la misma situación en el futuro.

En síntesis, con el tratamiento adecuado puedes recuperarte y, mediante el autoconocimiento, evitar caer en situaciones similares.

Si necesitas más información, por favor no dudes en escribir.

Te deseo un futuro más feliz.

Respuesta a Viviana Arboleda

Hola, Viviana Arboleda. Por lo que dices es probable que padezcas una obsesión de suciedad o de contaminación acompañada de una compulsión de limpieza, lo que es compatilbe con el diagnóstico de trastorno obsesivo compulsivo. En otras palabras, se trataría de un temor excesivo a ensuciarse, contaminarse, etc., por lo que evitas que esto ocurra, aun a costa de no poder disfrutar de la compañía de tus amigos. ¿Qué hacer? Te recomiendo que visites a un psiquiatra o a un psicólogo para confirmar si se trata de esta situación. Por otra parte, si deseas, puedes ampliar la información para poder darte una respuesta más completa y más precisa. Saludos y gracias por escribir.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Respuesta a Shiyito

Shiyito pregunta cómo podrá quitarse la tristeza que ha durado dos años.
Shiyito, una tristeza de dos años es un sufrimiento muy prolongado. Independientemente de las razones que seguramente has tenido para haber estado triste durante tanto tiempo, debes saber que este estado ha salido de la normalidad psicológica. La tristeza continua es malestar continuo; es pérdida del disfrute de la vida. Lo más probable es que estés padeciendo un trastorno del estado de ánimo, no una simple tristeza. La tristeza como tal no debería durar tanto; en cambio, no es infrecuente que esto ocurra, por ejemplo, con una depresión. Con la información que has suministrado no es posible precisar que tipo de depresión padeces. En cambio, puedo afirmar que intentar un tratamiento puede significar un cambio muy positivo en tu vida. Las depresiones tienen tratamiento, el cual suele ser muy eficaz en la gran mayoría de los casos. Te recomienda que asistas a consulta con un psiquiatra, quien determinará la mejor opción para tí, trátese de psicoterapia o farmacoterapia. Espero haberte sido de utilidad. Por favor, no dudes en volver a escribir si necesitas mayor información. Atento saludo. Álex González

Antipsicóticos líquidos

Después de una pausa muy prolongada (debida a motivos ajenos a mi voluntad) respondo la pregunta que hace Carlos acerca de si existen antipsicóticos líquidos.
La respuesta, apreciado Carlos, es afirmativa. Existen antipsicóticos líquidos, unos para uso oral, otros para uso intramuscular o intravenoso. Entre los primeros tenemos como ejemplos la risperidona en gotas y en solución oral, presentaciones bastante útiles para personas con problemas de deglución, ancianos o para titular dosis; también pueden emplearse en personas resistentes a tomar tabletas, cápsulas o comprimidos. Entre los segundos tenemos antipsicóticos líquidos o en polvo para preparar soluciones inyectables, que se utilizan para el manejo de diversas urgencias psiquiátricas; también existen antipsicóticos en inyecciones de depósito, que pueden aplicarse, según el caso, a intervalos regulares que suelen ser quincenales o mensuales. Éstos resultan bastante útiles en aquellas personas que no desean recibir medicación oral o aumentar el número de medicamentos que reciben por esta vía. Gracias por tu interrogante; espero que la respuesta haya sido útil a pesar del retraso en responder. Un saludo. Álex González

martes, 27 de octubre de 2009

Procrastinación

manuelita, con minúsculas, como a ella le gusta escribir su nombre, ha intervenido en el foro con la siguiente pregunta:

La procrastinación se dice que es la epidemia de nuestros días. ¿Quien la sufre necesita asistencia permanente del especialista, o, existen posibilidades de que una vez tratado no la vuelva a padecer?

Este interrogante me recuerda un concepto que alguna vez le escuché a un amigo. Según él, la pereza no existe, sino que existen cosas que a uno no le gusta hacer.

La procrastinación puede obedecer a diversas causas. Podemos empezar diciendo que puede ser el resultado de encontrarse ante tareas que a uno no le gustaría tener que llevar a cabo, sin que exista una motivación suficiente, o sin tener la perspectiva de obtener una contraprestación satisfactoria. Hasta aquí podemos considerarla una respuesta ubicada dentro de los límites de las respuestas humanas consideradas normales.

Sin embargo, la procrastinación puede llegar a convertirse en un hábito, en una mala costumbre, sin que necesariamente estemos ante un trastorno mental. Se trata, en estos casos, de una respuesta desadaptativa adquirida en algún momento de la vida del individuo. Puede ser el resultado de falta de motivación o de hábitos de estudio o de trabajo. No es una circunstancia constructiva, pero aún no nos encontramos dentro de la esfera de los trastornos mentales.

Aventurándonos un poco dentro de los terrenos de la psicopatología, la procrastinación puede darse como resultado de la desesperanza aprendida. Se trata típicamente del individuo que, habiéndose desarrollado dentro de un ambiente de frustraciones crónicas y atávicas, y aprendido así a anticipar de manera automática resultados negativos a sus proyectos, ha incorporado el concepto de que no vale la pena emprender una tarea ni esforzarse por nada. Expresado en forma de interrogante sería: "¿Para que lo voy a intentar si todo seguirá igual?".

La procrastinación también puede darse dentro del contexto de francos trastornos mentales, como son los cuadros depresivos y de ansiedad, entre otros. Por ejemplo, el individuo deprimido con frecuencia ha aprendido, sea por el mecanismo anteriormente expuesto, o a través de cualquier otro aprendizaje distorsionador de su visión de sí mismo y del el mundo, que no merece la pena empezar una tarea ya que el resultado será negativo o por lo menos insatisfactorio. Desde la perspectiva de los teóricos cognoscitivos esta circunstancia explica por qué el deprimido presenta con frecuencia sensación de fatiga, disminución de la actividad dirigida a metas, pesimismo y desinterés por el entorno. "¿Para que lo voy a hacer, si me va a salir mal?", sería su razonamiento. El deprimido suele tornarse pesimista, desesperanzado.

Igual puede ocurrir en casos de ansiedad. El paciente ansioso anticipa un futuro adverso, plagado de calamidades. Ante esta visión del mundo poco interés habrá en emprender actividades que impliquen cualquier grado de esfuerzo. Nótese que en los estados de ansiedad o de depresión "esfuerzo" puede significar levantarse de la silla. Es el caso, por ejemplo, de la persona afectada por un cuadro severo de ansiedad generalizada.

Dentro de los trastornos mentales y su relación con la procrastinación, es interesante recordar el caso de los obsesivos. El obsesivo, por definición, duda sistemáticamente. El obsesivo suele fijarse más en los detalles que en resultado final, en los árboles que en el bosque. El obsesivo es metódico, perfeccionista, escrupuloso al máximo. Es evidente que la procrastinación se presentará fácilmente como respuesta de evitación ante lo agotador y desgastador que será para él la puesta en marcha de un plan o proyecto. El obsesivo teme equivocarse, no soporta el peso de la culpa ante los errores, de ahí que frecuentemente caiga en el hábito de la procrastinación.

Seguramente muchos casos del llamado síndrome de fatiga crónica son manifestaciones de trastornos depresivos, de trastornos de ansiedad o de estrés crónico. La persona afectada por este síndrome suele darse a la procrastinación.

Como puede deducirse, el tratamiento para la procastinación dependerá del contexto en que se encuentre el síntoma. Si se trata sencillamente de un mal hábito, es muy probable que un adulto dotado de la suficiente fuerza de voluntad podrá modificar este estilo de relación con el medio mediante el reconocimiento de la situación problemática y la puesta en marcha de un programa dirigido hacia objetivos claros.

Sin embargo, si la procrastinación se identifica claramente como componenente o como resultado de un trastorno mental, como en el caso de un síndrome ansioso o depresivo, el tratamiento se dirigirá fundamentalmente hacia la enfermedad de base. Será prácticamente imposible modificar esta pauta de manejo de los estresores medioambientales si no se corrige el trastorno causal.

Por lo general, el tratamiento de los trastornos depresivos y de los trastornos de ansiedad se hace empleando una combinación de farmacoterapia y psicoterapia. Con respecto a la primera, los medicamentos más utilizados en la actualidad suelen ser eficaces y bien tolerados. Haciendo referencia a la segunda, en el tratamiento de los pacientes cuyos síntomas (como la procrastinación, por ejemplo) nos hacen pensar en la persistencia de patrones de conducta desadaptativos o en distorsiones de la realidad interna o externa, la terapia cognitivo comportamental suele ser una excelente opción. La duración de la terapia está entre 14 y 16 semanas en promedio, a razón de una sesión semanal.

Vale la pena recordar que el tratamiento psicoterapéutico puede utilizarse incluso en los casos en los que la procrastinación consiste esencialmente en un mal hábito, una conducta desadaptativa reforzada y sostenida de manera crónica, sin que se encuentre presente un trastorno mental.

Por último, recordemos aquella frase pesimista según la cual "si no fuera por el último minuto no se haría nada".

jueves, 15 de octubre de 2009

Opinión de Deepfield sobre cómo debe informarse en los medios de comunicación acerca de los casos de suicidio

Esa no es una pregunta fácil. Por un lado, está el dolor (e indudablemente el sentimiendo de culpa) de la familia, al que no debe sumársele la saña de los periodistas publicando hasta los más sórdidos detalles del, y conducentes al, hecho.

Por otra parte, está la necesidad de la gente de estar informada de la verdad. La historia, que se registra inicialmente en los medios de comunicación para pasar después a los libros, no puede disfrazar el hecho de que una persona importante (estamos asumiendo que la pregunta se refiere es a esas personalidades, no a suicidas anónimos) decidió terminar con su vida, así como no debería haber duda en divulgar la causa de muerte si fuera cualquier otra.

Creo que a) no debe ocultarse al público la causa real de la muerte, y b) no debe ahondarse demasiado en los detalles.

Saludos,

DeepField