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miércoles, 30 de abril de 2014

Sobre la psicopatología del secuestro

A continuación publico una etrevista que me han hecho acerca de la psicopatología del secuestro, incluyendo aspectos relacionados con las víctimas, sus familiares y el seceustrador.

Desde su punto de vista como profesional de la psiquiatría ¿Qué es el secuestro?

El secuestro de una persona implica someterla, en mayor o menor grado, a una situación de indefensión, de humillación y de pérdida del control sobre sus actos, sus decisiones y su vida en general.
Es, por tanto, un estado de estrés crónico y severo que escapa del control del individuo.
El secuestro puede significar el aniquilamiento moral.

¿Qué consecuencias psicológicas o emocionales puede dejar en una persona que vive el flagelo del secuestro?

Las principales consecuencias psicológicas y emocionales que puede sufrir una víctima de secuestro incluyen el desencadenamiento de una serie de trastornos mentales entre los que se cuentan el trastorno de estrés agudo y el trastorno de estrés postraumático; otros trastornos de ansiedad como el trastorno de ansiedad generalizada el trastorno por angustia con o sin agorafobia, la agorafobia sin ataques de angustia, la fobia social, fobias específicas (por ejemplo, lugares, sitios cerrados, etc.). Además, trastorno depresivo mayor y otros trastornos del estado de ánimo; trastornos psicóticos; trastornos crónicos del sueño (por ejemplo, insomnio, pesadillas); disfunciones sexuales y trastornos adaptativos, entre otros.
Así mismo, el proceso de readaptación tras una experiencia de este tipo suele conducir al desarrollo de problemas familiares y sociales, así como al alcoholismo y otras adicciones.
El secuestro, especialmente en personas jóvenes, debe ser visto como una interrupción del desarrollo psicosocial del individuo. Una de las principales consecuencias desde este punto de vista es la pérdida de la visión del mundo como lugar seguro, pasando a percibirse como desolador.
Por supuesto, no todos los individuos secuestrados desarrollarán secuelas. Existen excepciones. Las variables que determinan la presencia y la gravedad de las secuelas incluyen:
  • Edad
  • Grado de madurez psicológica
  • Rasgos de personalidad
  • Estilos de afrontamiento (mecanismos de defensa)
  • Estabilidad emocional
  • Antecedentes de experiencias traumáticas graves (influyen negativamente)
  • Psicopatología previa
  • Duración del cautiverio (serán menos probables en lo que de manera ligera se conoce como “secuestro exprés”)
  • Condiciones del cautiverio amenazas para su integridad
  • Abusos sufridos (de cualquier tipo)
  • Presencia o ausencia de tortura (sin olvidar que estar secuestrado de por sí lo es)
  • Sistemas de apoyo tras la liberación
  • Intervención oportuna
¿Qué trastornos psicológicos pueden a llegar padecer los familiares de un secuestrado? ¿Hasta qué punto pueden ser peligrosos para la salud emocional de estas personas?

En los familiares de los secuestrados pueden presentarse prácticamente los mismos síntomas que en las víctimas. Destacan el estrés agudo y el estrés postraumático y otros trastornos de ansiedad, y el trastorno depresivo mayor. Otros familiares probablemente no desarrollarán criterios completos para uno de los trastornos mencionados, mas sufrirán por lo menos trastornos adaptativos. Las adicciones pueden presentarse con relativa facilidad.
De todas maneras, la vida de los familiares de los secuestrados suele estar plagada de incertidumbre y miedo, lo que se traduce en una situación estrés de estrés prolongado y severo.

¿Qué recomendaciones, tratamientos y técnicas psiquiátricas o psicológicas existen o se deben tener en cuenta para tratar trastornos emocionales de una persona que ha estado secuestrada? 

Los tratamientos diferirán de acuerdo con los trastornos que se observen en el secuestrado y en sus familiares. Grosso modo, se incluyen los siguientes:
  • Farmacoterapia: por ejemplo, antidepresivos, ansiolíticos y estabilizadores del ánimo, según el caso
  • Psicoterapia individual: un esquema cognitivo-conductual puede ser bastante útil para el manejo del estrés postraumático y de la mayoría de los demás trastornos mencionados. La aproximación terapéutica suele incluir técnicas de relajación y de desensibilización.
  • Terapia de familia
  • Terapia de pareja
  • Terapia de grupo Grupos de autoayuda
¿Qué recomendaciones o tratamientos psiquiátricos se le deben tener en cuenta para tratar trastornos emocionales para los familiares que han sufrido mucho a causa del secuestro de un familiar muy cercano?

Aunque no puede considerarse que el tratamiento será necesariamente igual en el afectado que en sus personas queridas, algunos familiares también necesitarán tratamiento psiquiátrico, incluyendo tanto agentes farmacológicos como psicoterapia. Como se ha indicado, la terapia familiar y la terapia de pareja son también herramientas sumamente útiles. Incluso, los grupos de autoayuda y la terapia grupal pueden ofrecer una gran ayuda.
Especial cuidado merecen los padres, esposos e hijos de secuestrados.

¿Cuál es el perfil psicológico principal del secuestrador?

El perfil psicológico del secuestrador se compone de elementos como:
  • Desprecio por los derechos de los demás
  • Ausencia de remordimientos
  • Justificaciones para sus actos (racionalizaciones)
  • Dificultad para aceptar figuras de autoridad
  • Dificultad para adaptarse a las normas sociales
  • Ausencia de empatía y de compasión; incapacidad para sentir el dolor ajeno
  • Egocentrismo
  • Tendencia habitual hacia las conductas delictivas
De todas maneras debe aclararse que, aunque los rasgos enumerados suelen hallarse en la mayoría de los secuestradores y de otros criminales habituales, el perfil del secuestrador no es homogéneo, y que no es el mismo perfil el del líder de la banda que el de los subordinados. El organizador del secuestro suele ser más inteligente y poseer un grado de instrucción mayor que el de sus secuaces; su perfil suele encontrarse en la personalidad antisocial, aunque pueda disfrazarse de oveja ante la sociedad. Los encargados de llevar a cabo los hechos materiales suelen ser menos inteligentes, con menor formación, fácilmente influenciables e incluso dependientes.
Tampoco son similares los perfiles del secuestrador común que el del secuestrador político; en el primero se trata de un negocio a expensas de la vida de los demás; los segundos se justifican por supuestos ideales y suelen estar ubicados en cualquiera de los extremos del fanatismo político.

¿Qué patologías mentales o emocionales pueden padecer las personas que se dedican al secuestro?

Lo más frecuente entre los secuestradores suele ser la personalidad antisocial. Sin embargo, en este tipo de organizaciones pueden, además, encontrarse personalidades limítrofes, así como débiles mentales encargados de las tareas riesgosas. Con frecuencia este tipo de sujetos presentan concomitantemente adicciones a sustancias como el alcohol y la cocaína.
Los secuestros no son planeados ni organizados por enfermos psicóticos ni por personas en crisis maníacas, depresivas o ansiosas. La psicopatología del secuestrador debe buscarse principalmente en los trastornos graves de la personalidad.

¿Qué roles debe asumir el profesional de la psicología o la psiquiatría para enfrentar situaciones de trastorno emocional en una persona que ha estado secuestrada?

El papel que debe asumir el profesional de la salud mental ante la persona que ha estado secuestrada se caracterizará por una actgitud que deberá incluir los siguientes aspectos:
  • Escucha empático.
  • Incondicional; nunca juzgar ni sugerir que el paciente pueda tener algo de culpa o responsabilidad en lo ocurrido.
  • Activo
  • Objetivo
  • Experto: se logra conduciendo la entrevista con conocimiento, sin improvisaciones
  • Identifique la contratransferencia y utilícela positivamente; renuncie a la lástima (es diferente de la empatía) y a otras distorsiones.
  • Apoyo emocional
Los anteriores papeles deben sostenerse a lo largo de todo el proceso terapéutico.

¿Más o menos qué tiempo puede tardar una persona en recuperarse de los trastornos emocionales que le causaron estar secuestrado?

El tiempo de recuperación variará en función de las condiciones del cautiverio, del trastorno presentado y de las características individuales del secuestrado. Puede ser de unos pocos meses hasta años. Hay personas que no se recuperarán completamente jamás. Algunos, como se ha mencionado, no presentarán perturbaciones más allá de la etapa de readaptación.

¿De qué manera cambia la vida para una persona que ha sido secuestrada? ¿De igual forma para los familiares, en especial los padres, los hijos y el cónyuge?

La manera cómo cambia la vida de una persona secuestrada depende de diversas variables, entre las que se incluyen:
  • Tiempo de permanencia en cautiverio
  • Maltratos y torturas recibidos
  • Ausencia de comunicación con sus seres queridos
  • Evidencias o no de supervivencia
  • Trastornos mentales desarrollados en el secuestrado
  • Trastornos mentales desarrollados en los familiares
  • Estabilidad y funcionalidad familiares
El distanciamiento prolongado y la incertidumbre acerca de la supervivencia pueden llevar a la elaboración de duelos que pueden, a su vez, finalizar en ruptura de vínculos afectivos. Para una familia puede ser difícil rehacer vínculos y acostumbrarse a la presencia física de un secuestrado a quien se le ha dado por muerto.
Con frecuencia el secuestro prolongado trae como consecuencias divorcios y desintegración completa de la familia.
Por otra parte, las perturbaciones emocionales presentes en el liberado y en su familia suelen dificultar la convivencia. Síntomas comunes en quienes han estado secuestrados, como, por ejemplo, irritabilidad, tristeza, angustia, pérdida de la capacidad de experimentar placer, embotamiento afectivo y dificultad para iniciar nuevas relaciones y para confiar en los demás, obstaculizan el restablecimiento de las relaciones familiares y la readaptación social.

¿Qué aspectos emocionales pueden marcarse y cambiar en una persona con el solo hecho de haber estado secuestrada? 

El espectro es amplio. Sin embargo, se presentan síntomas emocionales comunes en el individuo que ha estado expuesto al secuestro y a otras situaciones traumáticas y que pueden persistir durante tiempo prolongado o indefinido, representando incluso un cambio duradero y evidente en la persona, incluyen la sensación de enajenamiento, el embotamiento afectivo, la dificultad para iniciar nuevas relaciones y para confiar en los demás, la pérdida del interés y del placer, desapego, restricción de la vida afectiva y visión de un futuro desolador.

¿Cuál suele ser la reacción de los familiares cuándo se enteran que un miembro de suyo ha sido secuestrado?

La reacción de los familiares cuándo se enteran de que un miembro de su grupo ha sido secuestrado suele seguir el proceso clásico del duelo, si bien la negación puede adquirir proporciones mayores. Así mismo, la reacción, una vez entendida la nueva situación, suele ser de impotencia, desesperanza u horror.

¿Cuáles pueden ser las consecuencias psicológicas o emocionales que pueden llegar a padecer los familiares de un individuo que estuvo secuestrado, y por desgracia muere o es asesinado en cautiverio?

El duelo experimentado por los familiares de una persona que ha muerto en cautiverio tiene más probabilidades de complicarse que el duelo que se experimenta tras la muerte de alguien que ha fallecido en casa o cerca a su familia. Por ejemplo, la culpa puede alcanzar grandes proporciones. La negación, total o parcial, puede persistir durante años o durante toda la vida, especialmente si no se ve el cuerpo.

¿Qué causa más daño psicológico durante el tiempo que una persona está secuestrada: los maltratos físicos o los emocionales?

Tanto los maltratos físicos como los psicológicos pueden traer consecuencias emocionales. Todo depende de la severidad y duración de las agresiones, por una parte, y de las características personales que hagan más o menos vulnerable al individuo, por la otra.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Entrevista sobre los trastornos bipolares

Como herramienta educativa, transcribo una entrevista que me ha hecho la periodista y escritora Alicia Haydar Ghisays sobre los trastornos bipolares. Esta entrevista ha sido publicada en el libro Crónicas desde la otra orilla, de la también periodista y escritora Sara Marcela Bozzi.



¿Qué es el trastorno bipolar?
Los trastornos bipolares constituyen una serie de enfermedades psiquiátricas que tienen en común la presencia de episodios maníacos, mixtos o hipomaníacos que generalmente se acompañan de episodios depresivos. Los trastornos bipolares hacen parte de los trastornos del estado de ánimo.
Los trastornos bipolares más importantes son el trastorno bipolar I, el trastorno bipolar II y el trastorno ciclotímico. El trastorno bipolar I se diagnostica cuando el paciente presenta por lo menos un episodio maníaco o mixto que no tiene una causa orgánica si se encuentra dentro del contexto de otra enfermedad psiquiátrica; la gran mayoría de las personas afectadas padecerán también episodios depresivos. El trastorno bipolar II se diagnostica cuando la persona padece episodios depresivos mayores y episodios de hipomanía. En el trastorno ciclotímico se dan síntomas depresivos leves que alternan con episodios de hipomanía.
En resumen, la característica esencial de los trastornos bipolares es la presentación de síntomas correspondientes a un aumento del estado de ánimo por encima de lo normal; la mayoría de las personas afectadas también presentarán episodios de ánimo por debajo de lo normal. 
Episodios maníacos o mixtos + (casi siempre) episodios depresivos = trastorno bipolar I
Episodios hipomaníacos + episodios depresivos = trastorno bipolar II
Episodios hipomaníacos + episodios depresivos leves =  trastorno ciclotímico

Hay quienes sostienen que existen factores psicológicos que causan esta enfermedad. ¿Cuál es la participación real de los mismos en la génesis de la enfermedad?
Los factores psicológicos suelen actuar como desencadenantes de los episodios o interfiriendo la recuperación. No son la causa.
Como ejemplo de lo primero, el estrés generado por una serie de situaciones vitales puede actuar como desencadenante de la enfermedad y de cada crisis.
Como ejemplos de lo segundo, los estilos de afrontamiento de cada persona pueden hacerle vulnerable al estrés y a las experiencias adversas; también pueden interferir con la conciencia de padecer la enfermedad y llevarla al incumplimiento terapéutico. Los estilos de afrontamiento también pueden llevar al individuo a consumir sustancias o adoptar conductas de riesgo para el desencadenamiento de nuevos episodios (por ejemplo, ausencia de higiene del sueño).

Hay una vertiente que sostiene, en cambio, que el origen de la enfermedad es biológico, y específicamente genético. ¿Usted qué opina?
Los trastornos bipolares son una de las áreas de la psiquiatría en la que está más claramente identificada y demostrada la participación de la genética como aspecto fundamental en la instalación del trastorno.
En la presentación de los trastornos bipolares, como en la gran mayoría de las enfermedades psiquiátricas, existe una interacción entre una predisposición determinada genéticamente y la presencia de estresores medioambientales que desencadenan el trastorno basado en la vulnerabilidad mencionada. No se hereda la enfermedad, sino la predisposición; los genes no son unidades selladas, sino que interactúan con el medio. El estrés afecta la producción de una serie de neurotransmisores y hormonas, lo que actúa como desencadenante del trastorno.
En la génesis del trastorno bipolar están involucrados los genes, varios neurotransmisores cerebrales y sus correspondientes receptores, vías citoplasmáticas, procesos de la membrana celular, hormonas, etc. 

¿Por qué, a pesar del paso del tiempo, no se ha encontrado aún una medicación que no tenga efectos secundarios tan severos como la obesidad, la resequedad de la mucosa y el movimiento involuntario del cuerpo?
La fisiopatología de los trastornos bipolares es seguramente mucho más compleja de lo que se conoce hasta el momento. De hecho, un enfoque sindrómico permite un acercamiento más flexible e integral a la enfermedad. Los diversos trastornos bipolares que existen son seguramente la expresión de múltiples vías fisiopatológicas y de etiologías diversas. Concebir estos trastornos como las expresiones finales de una serie de vías fisiopatológicas puede ayudar al mismo tiempo a las investigaciones en la materia.
Por supuesto, estas variaciones genotípicas y fenotípicas también representan un reto para la investigación en farmacología. Sin embargo, debe mencionarse que las diferentes alternativas disponibles dentro del arsenal terapéutico actual no tienen el mismo perfil de eventos adversos. No todos los fármacos útiles en el tratamiento del trastorno bipolar producen aumento de peso, ni síntomas anticolinérgicos como la resequedad en las mucosas, ni movimientos involuntarios. 

¿Es posible hablar de un trastorno bipolar “de primera generación”?
Si la pregunta va dirigida a la ausencia de antecedentes familiares, la respuesta es afirmativa. Lo anterior por diversas razones, entre las que resaltaremos:
Actualmente existen mayores circunstancias medioambientales que en generaciones anteriores, capaces de disparar la predisposición al trastorno, desde las variaciones en los horarios de sueño hasta el consumo de sustancias, pasando por el aumento en los estresores.
La ausencia de antecedentes familiares de trastornos bipolares no quiere decir que no haya existido la predisposición a la enfermedad en alguno de sus miembros.
La teoría de los genes inestables explica la progresión de la enfermedad a lo largo de las sucesivas generaciones, y ayuda a comprender la aparición de la enfermedad sin antecedentes familiares evidentes.
Sin embargo, debemos recordar que los antecedentes familiares son un hallazgo frecuente e importante en las personas afectadas de trastornos bipolares, y que este tipo de trastornos hacen parte de las enfermedades en las que suele ser más fácil encontrar antecedentes familiares.

Hay quienes sostienen que la voluntad no juega ningún papel en el control de la enfermedad; sin embargo, algunas personas que la padecen hablan del trabajo manual como un ejercicio de tipo terapéutico para controlar la tristeza y el miedo, propios de la fase depresiva.
Entre las herramientas utilizadas para el manejo de la enfermedad están la psicoterapia, la  terapia ocupacional, el ejercicio físico, las técnicas de relajación, las medidas de higiene de sueño, la abstinencia al alcohol y a otras sustancias, etc. Todas las anteriores dependen de la participación de la voluntad hacia el cambio positivo. 

Aunque las personas que sufren la enfermedad sienten que es más grave la fase depresiva, ¿cuál de las dos fases (la maníaca y la depresiva)  es más peligrosa?
La principal complicación de los episodios depresivos es el suicidio. Sin embargo, los episodios maníacos implican una serie de peligros tanto para el paciente como para quienes le rodean. Entre las conductas de riesgo en estos últimos están la agresividad verbal y física, la agitación psicomotora y el involucramiento excesivo en actividades potencialmente peligrosas, como la promiscuidad sexual, los despilfarros, los negocios disparatados, el consumo de sustancias, etc. Merece la pena recordar que es más difícil contener a una persona durante un episodio maníaco que durante uno depresivo.

¿Qué papel juega la memoria de logros y frustraciones en el desencadenante de la enfermedad?
Las adversidades representan estresores capaces de desencadenar una crisis. Además, por lo general la evocación que se hace de situaciones adversas durante una depresión suele ser bastante distorsionada hacia lo negativo, lo que termina agravando el estado de ánimo del paciente. Dentro de las características de la cognición del individuo afectado por un trastorno del estado de ánimo se incluyen los juicios punitivos y sesgados hacia sí mismo, la generalización de fracasos y pérdidas, y la concepción de las adversidades como situaciones imposibles de modificar y mejorar. Por los efectos de la misma enfermedad, y por los prejuicios sociales, la persona suele verse como fracasada o inútil, el mundo es concebido un lugar inseguro y agreste, y el futuro es percibido como desolador y aciago.
Las verdaderas satisfacciones, por otra parte, representan un papel protector ante la enfermedad. Refuerzan la autoestima, proporcionan seguridad y disminuyen el estrés. 

¿Por qué se siente perseguido el paciente bipolar?
No es una norma que una persona afectada por una condición bipolar se sienta perseguida, aunque durante un episodio grave de manía o de depresión pueden manifestarse delirios persecutorios.
Es más probable que una persona afectada por un trastorno bipolar sufra la discriminación producto de la ignorancia generalizada en la sociedad sobre la realidad de los trastornos mentales. 

¿Qué papel cumple el grupo de apoyo en la salud del paciente bipolar?
El papel del grupo de apoyo en la salud del paciente bipolar es fundamental. Un hogar disfuncional favorecerá la presentación de recidivas e impedirá con la recuperación del paciente. 

¿Qué son los estados mixtos de la enfermedad?
Los episodios mixtos se caracterizan por la presentación simultánea de síntomas maníacos y síntomas depresivos. El ánimo predominante suele ser la disforia, una mezcla de ira y tristeza.

¿Por qué es tan frecuente que la fase maníaca se inicie con un exagerado enamoramiento de alguien inalcanzable e ilógico?
En realidad esta circunstancia no es muy frecuente. En cambio, es cierto que una de las características de los episodios de manía aguda es el involucramiento excesivo en actividades placenteras y potencialmente dañinas para el individuo. Entre estas actividades se incluye el aumento en el deseo y la actividad sexuales.

¿Por qué generalmente el enfermo bipolar promueve proyectos muy difíciles de lograr y, sin embargo, a veces se cristalizan a pesar de su enfermedad?
Una de las características más notorias de los episodios maníacos es el aumento en la actividad dirigida a metas (hiperbulia), lo que lleva a la persona afectada a pretender iniciar varios planes simultáneamente.
Suele darse la circunstancia de que los episodios hipomaníacos permiten un incremento en la actividad sin afectar la capacidad ocupacional, lo que permite desarrollar planes y proyectos y alcanzar las metas. Durante un episodio hipomaníaco puede desarrollarse el trabajo aplazado durante períodos depresivos; por ejemplo, Robert Schumann era capaz de sacar adelante una sinfonía en una semana, incluyendo la instrumentación de toda la orquesta. Sin embargo, la gravedad de los episodios de manía hace que durante estos sea prácticamente imposible obtener metas reales; podemos encontrar una perfecta ilustración en los proyectos delirantes de José Arcadio Buendía en Cien años de soledad. 

¿Por qué el manejo irresponsable del dinero es uno de los síntomas más visibles del paciente con trastorno afectivo bipolar?
Como se ha mencionado, el individuo que vive un episodio maníaco suele involucrarse excesivamente en actividades placenteras que pueden resultar peligrosas; los despilfarros hacen parte de estos comportamientos.
Sin embargo, el ánimo eufórico y el aumento de la autoestima también hacen que una persona en estado de manía encuentre placentero regalar, repartir y derrochar dinero.
Por último, el aumento en la actividad dirigida a metas hace que el dinero sea malversado como fuente de financiación de proyectos. 

¿Qué son los síntomas psicóticos?
Los síntomas psicóticos por excelencia son las alucinaciones y los delirios. Las primeras consisten en respuestas perceptuales sin que existan estímulos sensoriales; así, el cerebro ve, oye, siente, huele –en general desarrolla– percepciones sin que exista una información real que sirva de sustrato. Los delirios consisten en creencias erróneas que persisten a pesar de la evidencia en contra; son irreductibles ante la realidad. Tanto los delirios como las alucinaciones pueden darse durante el clímax de gravedad, tanto durante los episodios maníacos, como durante los episodios depresivos.
Los delirios más frecuentes durante los episodios de manía aguda son los de grandiosidad, poder y riqueza, mientras que los más frecuentes durante los episodios depresivos son los que tienen que ver con muerte, suicidio, desesperanza,  minusvalía, desamparo, nihilismo y culpa.
Se habla de síntomas psicóticos congruentes con el estado de ánimo cuando el contenido de los mismos guarda relación con el ánimo predominante del paciente. Cuando ocurre lo contrario se habla de síntomas psicóticos incongruentes con el estado de ánimo. Estos últimos suelen indicar peor pronóstico.  

jueves, 11 de julio de 2013

Respuestas por correo electrónico

Saludos, visitantes del blog.
Debo aclarar a las personas que visitan este foro que buena parte de las consultas se responden por correo electrónico. Lo anterior, dado que muchas personas solicitan mantener la privacidad aboluta de la información brindada. Lamento que así se disminuya sensiblemente el número de entradas.
Sin embargo, esta circunstancia no debe desalentar al lector a escribir; siempre recibirá respuesta.
Gracias.
Álex González

miércoles, 1 de mayo de 2013

Respuesta a Beno

Hola, Beno. Gracias por escribir. Con mucho gusto intentaré ayudarte. Sin embargo, me gustaría saber cuáles son los síntomas que denominas depresivos. Te agradezo describas cuáles son tus molestias actuales. Por ejemplo, cómo está tu estado de ánimo, tristeza, alegría, irritabilidad, tu voluntad para hacer las cosas cotidianas, el gusto por lo que te rodea; tu apetito, sueño, autoestima y concentración; tu nivel de energía, tu visión del futuro, angustia, cualquier molestia física y todo lo que puedas aportar a tu descripción.
Puedes escribir a los comentarios de la página o a la dirección que anexo. De la misma manera, puedes expresar si deseas la respuesta a través del blog o del correo electrónico. 
Gracias y saludos.
Álex González.
preguntalealpsiquiatra@gmail.com

viernes, 5 de abril de 2013

Respuesta a Pato


Hola, Pato,

Es muy frecuente que los problemas de pareja desencadenen trastornos mentales de diversa índole. Por ejemplo, tanto cuadros depresivos como ansiosos, entre otras, pueden ser desencadenados por separaciones, fallecimiento de uno de los miembros de la pareja o por vivir en medio de relaciones problemáticas.

Mi sugerencias son las siguientes:

1. Asiste pronto a consulta para recibir un tratamiento psiquiátrico o psicológico para tu estado actual y así evitar que esta situación emocional se convierta en un problema crónico.

2. Busca dentro de tí misma (idealmente con la ayuda de un terapeuta) cuáles son tus expectativas respecto al tipo de pareja y al tipo de relación que deseas. Incluye todos los aspectos posibles y sé tan exhaustiva como puedas. Este proceso te ayudará a evitar que caigas en la misma situación en el futuro.

En síntesis, con el tratamiento adecuado puedes recuperarte y, mediante el autoconocimiento, evitar caer en situaciones similares.

Si necesitas más información, por favor no dudes en escribir.

Te deseo un futuro más feliz.

Respuesta a Viviana Arboleda

Hola, Viviana Arboleda. Por lo que dices es probable que padezcas una obsesión de suciedad o de contaminación acompañada de una compulsión de limpieza, lo que es compatilbe con el diagnóstico de trastorno obsesivo compulsivo. En otras palabras, se trataría de un temor excesivo a ensuciarse, contaminarse, etc., por lo que evitas que esto ocurra, aun a costa de no poder disfrutar de la compañía de tus amigos. ¿Qué hacer? Te recomiendo que visites a un psiquiatra o a un psicólogo para confirmar si se trata de esta situación. Por otra parte, si deseas, puedes ampliar la información para poder darte una respuesta más completa y más precisa. Saludos y gracias por escribir.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Respuesta a Shiyito

Shiyito pregunta cómo podrá quitarse la tristeza que ha durado dos años.
Shiyito, una tristeza de dos años es un sufrimiento muy prolongado. Independientemente de las razones que seguramente has tenido para haber estado triste durante tanto tiempo, debes saber que este estado ha salido de la normalidad psicológica. La tristeza continua es malestar continuo; es pérdida del disfrute de la vida. Lo más probable es que estés padeciendo un trastorno del estado de ánimo, no una simple tristeza. La tristeza como tal no debería durar tanto; en cambio, no es infrecuente que esto ocurra, por ejemplo, con una depresión. Con la información que has suministrado no es posible precisar que tipo de depresión padeces. En cambio, puedo afirmar que intentar un tratamiento puede significar un cambio muy positivo en tu vida. Las depresiones tienen tratamiento, el cual suele ser muy eficaz en la gran mayoría de los casos. Te recomienda que asistas a consulta con un psiquiatra, quien determinará la mejor opción para tí, trátese de psicoterapia o farmacoterapia. Espero haberte sido de utilidad. Por favor, no dudes en volver a escribir si necesitas mayor información. Atento saludo. Álex González

Antipsicóticos líquidos

Después de una pausa muy prolongada (debida a motivos ajenos a mi voluntad) respondo la pregunta que hace Carlos acerca de si existen antipsicóticos líquidos.
La respuesta, apreciado Carlos, es afirmativa. Existen antipsicóticos líquidos, unos para uso oral, otros para uso intramuscular o intravenoso. Entre los primeros tenemos como ejemplos la risperidona en gotas y en solución oral, presentaciones bastante útiles para personas con problemas de deglución, ancianos o para titular dosis; también pueden emplearse en personas resistentes a tomar tabletas, cápsulas o comprimidos. Entre los segundos tenemos antipsicóticos líquidos o en polvo para preparar soluciones inyectables, que se utilizan para el manejo de diversas urgencias psiquiátricas; también existen antipsicóticos en inyecciones de depósito, que pueden aplicarse, según el caso, a intervalos regulares que suelen ser quincenales o mensuales. Éstos resultan bastante útiles en aquellas personas que no desean recibir medicación oral o aumentar el número de medicamentos que reciben por esta vía. Gracias por tu interrogante; espero que la respuesta haya sido útil a pesar del retraso en responder. Un saludo. Álex González

martes, 27 de octubre de 2009

Procrastinación

manuelita, con minúsculas, como a ella le gusta escribir su nombre, ha intervenido en el foro con la siguiente pregunta:

La procrastinación se dice que es la epidemia de nuestros días. ¿Quien la sufre necesita asistencia permanente del especialista, o, existen posibilidades de que una vez tratado no la vuelva a padecer?

Este interrogante me recuerda un concepto que alguna vez le escuché a un amigo. Según él, la pereza no existe, sino que existen cosas que a uno no le gusta hacer.

La procrastinación puede obedecer a diversas causas. Podemos empezar diciendo que puede ser el resultado de encontrarse ante tareas que a uno no le gustaría tener que llevar a cabo, sin que exista una motivación suficiente, o sin tener la perspectiva de obtener una contraprestación satisfactoria. Hasta aquí podemos considerarla una respuesta ubicada dentro de los límites de las respuestas humanas consideradas normales.

Sin embargo, la procrastinación puede llegar a convertirse en un hábito, en una mala costumbre, sin que necesariamente estemos ante un trastorno mental. Se trata, en estos casos, de una respuesta desadaptativa adquirida en algún momento de la vida del individuo. Puede ser el resultado de falta de motivación o de hábitos de estudio o de trabajo. No es una circunstancia constructiva, pero aún no nos encontramos dentro de la esfera de los trastornos mentales.

Aventurándonos un poco dentro de los terrenos de la psicopatología, la procrastinación puede darse como resultado de la desesperanza aprendida. Se trata típicamente del individuo que, habiéndose desarrollado dentro de un ambiente de frustraciones crónicas y atávicas, y aprendido así a anticipar de manera automática resultados negativos a sus proyectos, ha incorporado el concepto de que no vale la pena emprender una tarea ni esforzarse por nada. Expresado en forma de interrogante sería: "¿Para que lo voy a intentar si todo seguirá igual?".

La procrastinación también puede darse dentro del contexto de francos trastornos mentales, como son los cuadros depresivos y de ansiedad, entre otros. Por ejemplo, el individuo deprimido con frecuencia ha aprendido, sea por el mecanismo anteriormente expuesto, o a través de cualquier otro aprendizaje distorsionador de su visión de sí mismo y del el mundo, que no merece la pena empezar una tarea ya que el resultado será negativo o por lo menos insatisfactorio. Desde la perspectiva de los teóricos cognoscitivos esta circunstancia explica por qué el deprimido presenta con frecuencia sensación de fatiga, disminución de la actividad dirigida a metas, pesimismo y desinterés por el entorno. "¿Para que lo voy a hacer, si me va a salir mal?", sería su razonamiento. El deprimido suele tornarse pesimista, desesperanzado.

Igual puede ocurrir en casos de ansiedad. El paciente ansioso anticipa un futuro adverso, plagado de calamidades. Ante esta visión del mundo poco interés habrá en emprender actividades que impliquen cualquier grado de esfuerzo. Nótese que en los estados de ansiedad o de depresión "esfuerzo" puede significar levantarse de la silla. Es el caso, por ejemplo, de la persona afectada por un cuadro severo de ansiedad generalizada.

Dentro de los trastornos mentales y su relación con la procrastinación, es interesante recordar el caso de los obsesivos. El obsesivo, por definición, duda sistemáticamente. El obsesivo suele fijarse más en los detalles que en resultado final, en los árboles que en el bosque. El obsesivo es metódico, perfeccionista, escrupuloso al máximo. Es evidente que la procrastinación se presentará fácilmente como respuesta de evitación ante lo agotador y desgastador que será para él la puesta en marcha de un plan o proyecto. El obsesivo teme equivocarse, no soporta el peso de la culpa ante los errores, de ahí que frecuentemente caiga en el hábito de la procrastinación.

Seguramente muchos casos del llamado síndrome de fatiga crónica son manifestaciones de trastornos depresivos, de trastornos de ansiedad o de estrés crónico. La persona afectada por este síndrome suele darse a la procrastinación.

Como puede deducirse, el tratamiento para la procastinación dependerá del contexto en que se encuentre el síntoma. Si se trata sencillamente de un mal hábito, es muy probable que un adulto dotado de la suficiente fuerza de voluntad podrá modificar este estilo de relación con el medio mediante el reconocimiento de la situación problemática y la puesta en marcha de un programa dirigido hacia objetivos claros.

Sin embargo, si la procrastinación se identifica claramente como componenente o como resultado de un trastorno mental, como en el caso de un síndrome ansioso o depresivo, el tratamiento se dirigirá fundamentalmente hacia la enfermedad de base. Será prácticamente imposible modificar esta pauta de manejo de los estresores medioambientales si no se corrige el trastorno causal.

Por lo general, el tratamiento de los trastornos depresivos y de los trastornos de ansiedad se hace empleando una combinación de farmacoterapia y psicoterapia. Con respecto a la primera, los medicamentos más utilizados en la actualidad suelen ser eficaces y bien tolerados. Haciendo referencia a la segunda, en el tratamiento de los pacientes cuyos síntomas (como la procrastinación, por ejemplo) nos hacen pensar en la persistencia de patrones de conducta desadaptativos o en distorsiones de la realidad interna o externa, la terapia cognitivo comportamental suele ser una excelente opción. La duración de la terapia está entre 14 y 16 semanas en promedio, a razón de una sesión semanal.

Vale la pena recordar que el tratamiento psicoterapéutico puede utilizarse incluso en los casos en los que la procrastinación consiste esencialmente en un mal hábito, una conducta desadaptativa reforzada y sostenida de manera crónica, sin que se encuentre presente un trastorno mental.

Por último, recordemos aquella frase pesimista según la cual "si no fuera por el último minuto no se haría nada".

martes, 29 de septiembre de 2009

Factores de riesgo relacionados con el suicidio

La estimación del riesgo suicida se hace mediante la valoración de una serie de factores de riesgo. Sin embargo, sería totalmente incorrecto pensar que la interpretación de tales factores es una operación matemática que nos permitirá llegar con precisión a una decisión diagnóstica y terapéutica. En realidad, la valoración de los factores de riesgo relacionados con el suicidio proporciona sólo una idea bastante aproximada de la gravedad de cada situación, sin llegar nunca a la certeza absoluta en uno u otro sentido. Jamás estaremos absolutamente seguros de quién va a cometer el suicidio y quién no. Incluso un paciente que quiera únicamente llamar la atención puede eventualmente cometer un error de cálculo con resultados fatales.

La dificultad para establecer pronósticos adecuados en el paciente potencialmente suicida es evidente. El paciente, como toda persona, está en constante proceso de cambio, lo cual se refiere tanto a sus circunstancias vitales como a sus emociones y a sus pensamientos. Este proceso de cambio abarca incluso sus síntomas, por lo que es imposible prever el riesgo suicida más allá del momento inmediato.

A continuación se hace una revisión de los factores de riesgo relacionados con el suicidio, discutiendo los aspectos más relevantes de cada uno de ellos.

Factores de riesgo relacionados con el suicidio. Estimación de letalidad.

Para estimar el riesgo de suicidio en un paciente determinado se debe tener en cuenta una serie de factores epidemiológicos, psicosociales y clínicos.

Factores epidemiológicos

Sexo

El suicidio es más frecuente en hombres que en mujeres, con una relación de 3 a 1 a favor de los primeros. Los intentos de suicidio son más frecuentes en mujeres que en hombres con la misma relación de 3 a 1.

Edad

Tradicionalmente se ha sostenido que el suicidio es mayor en personas mayores que en jóvenes. En términos generales sigue siendo cierta la aseveración de que no debe menospreciarse una amenaza de suicidio expresada por un anciano. Sin embargo, en varios países, entre ellos Colombia, se ha visto durante las últimas décadas una mayor tendencia al suicidio entre los jóvenes. De hecho, en Cartagena la mayoría de los casos de suicidio se ubican en personas que aún no han alcanzado la senectud o que ni siquiera son adultos mayores.

Estado marital y presencia de hijos

El riesgo de suicidio decrece en el siguiente orden: tienen mayor riesgo los viudos, seguidos por los divorciados, separados, solteros y casados sin hijos; por último, aquellos con menor riesgo de suicidio son los casados con hijos. El hecho de tener una relación de pareja estable (v.g. unión libre o de hecho) tiene el mismo efecto protector que el matrimonio.

Debe anotarse que más que el hecho de ser soltero, pesa más el vivir sólo. Las personas con mayor riesgo de suicidio son aquellas que viven solas.

Estado ocupacional

Más que con oficios o profesiones determinados, el suicidio se relaciona con el estado ocupacional. En efecto, el riesgo de suicidio aumenta en aquellas personas que súbitamente se ven desempleadas, especialmente si este hecho conlleva una crisis financiera.

Lugar de residencia

Tradicionalmente se ha considerado que el riesgo de suicidio es mayor en zonas urbanas que en zonas rurales. Las circunstancias sociales, políticas y económicas de Colombia hacen que no siempre se cumpla esta ecuación. Particularmente debe importarnos si el paciente se encuentra en una zona de difícil acceso a los servicios de salud o de emergencias.

Religión

Practicar una religión es factor de protección contra el suicidio por varias razones. La persona que tiene fe en un ser superior albergará más fácilmente la confianza en que las cosas pueden mejorar. Además, el hecho de asistir regularmente a los ritos y prácticas suministra una red de apoyo social importante. La confesión católica es, entre otras cosas, un mecanismo de catarsis. Por último, no debemos olvidar que las religiones monoteístas practicadas en occidente condenan el suicidio.

Mención aparte merece el fanatismo religioso, el cual puede favorecer prácticas suicidas.

Otros sistemas de apoyo

Este punto se refiere a la presencia de amistades significativas, vinculación a juntas de acción comunal, clubes sociales o deportivos, asociaciones de padres de familia, etc.
Lo que verdaderamente nos interesa es identificar si estamos ante una persona solitaria, sin redes capaces de suministrar apoyo en un momento crítico.

Trastornos psiquiátricos y suicidio

El intento de suicidio no constituye un diagnóstico. Este tipo de comportamientos hace parte de los hallazgos clínicos que se encuentran en una amplia gama de trastornos mentales. Más aún, las ideas y las conductas suicidas no son exclusivas de los trastornos mentales ni patognomónicas de ninguno de estos.

Más del 90% de las personas que intentan el suicidio padecen un trastorno mental demostrable, independientemente de que haya sido o no previamente diagnosticado.
La lista de los trastornos psiquiátricos relacionados con el suicidio está encabezada por el trastorno depresivo mayor.

Trastorno depresivo mayor

El trastorno depresivo mayor se caracteriza por la presencia de uno o más episodios depresivos mayores que carezcan de una causa orgánica, como una enfermedad médica subyacente o la exposición a una sustancia, y que tampoco se den en el contexto de otro trastorno psiquiátrico como el trastorno esquizoafectivo o los trastornos bipolares, por ejemplo.

Los episodios depresivos mayores se caracterizan por la presencia de al menos cinco de los siguientes síntomas, entre los cuales se requiere la presencia de por lo menos uno de los dos primeros, durante un período mínimo de 2 semanas: estado de ánimo depresivo o irritable, pérdida del interés y del placer por las actividades cotidianas, cambios en el apetito o el peso corporal, insomnio o hipersomnia, agitación o enlentecimiento, fatiga o pérdida de energía, sentimientos de inutilidad o de culpa excesivos o inapropiados, disminución de la capacidad para pensar o concentrarse o indecisión y, por último, pensamientos recurrentes de muerte o de suicidio, tentativas o planes de suicidio.

Este trastorno afecta del 5% al 12% de los hombres y del 10% al 25% de las mujeres. El riesgo de muerte por suicidio en el trastorno depresivo mayor llega hasta el 10% a 15% de los pacientes.

Trastornos bipolares

El trastorno bipolar I se caracteriza por la presencia de episodios maníacos o mixtos que suelen alternar con episodios depresivos mayores. El trastorno bipolar II se caracteriza por la presencia de episodios depresivos mayores que alternan con episodios de hipomanía. El riesgo de muerte por suicidio es, en términos relativos, mayor en los trastornos bipolares que en el trastorno depresivo mayor. Los intentos de suicidio suelen darse durante los episodios depresivos o los mixtos. Un episodio mixto se caracteriza por la presentación simultánea de síntomas depresivos y síntomas manieformes. El trastorno bipolar I afecta al 1% de la población. Su prevalencia es igual en ambos sexos. El trastorno bipolar II afecta más a las mujeres que a los hombres; su prevalencia está alrededor del 0.6% de la población. El riesgo de suicidio en estas enfermedades llega al 15%.

Esquizofrenia

La esquizofrenia se caracteriza por la presencia de por lo menos dos de los siguiente tipos de síntomas durante un período mínimo de un mes: delirios, alucinaciones, lenguaje desorganizado, conducta catatónica o desorganizada, y síntomas negativos. El diagnóstico de esquizofrenia se hace después de 6 meses de evolución del cuadro clínico. Esta enfermedad afecta al 1% de la población. Su prevalencia es igual en ambos sexos. El riesgo de suicidio en esta enfermedad alcanza el 15%, aunque se estima que el 50% de las personas afectadas cometerán por lo menos un intento en algún momento de la vida.

Trastorno esquizoafectivo

Esta enfermedad se caracteriza por la presencia simultánea de síntomas similares a los de la esquizofrenia y de episodios maníacos, mixtos o depresivos. Afecta alrededor del 1% de la población. El riesgo de suicidio en este trastorno es esencialmente el mismo que en las enfermedades anotadas anteriormente.
La exploración de síntomas se hará según las recomendaciones hechas respecto a la esquizofrenia y los trastornos del estado de ánimo.

Trastornos de ansiedad

Los trastornos de ansiedad más relacionados con el suicidio son el trastorno de estrés postraumático, el trastorno de pánico y el trastorno obsesivo compulsivo, sin que ninguno de ellos alcance un riesgo tan alto como los trastornos psicóticos o los trastornos del estado de ánimo.

Trastornos relacionados con sustancias

El uso de sustancias psicoactivas incrementa el riesgo de suicidio a través de varios mecanismos. Por ejemplo, el uso de sustancias debilita o desvía el juicio de realidad, lo que puede llevar al individuo a creer que al suicidarse está tomando la decisión correcta. Así mismo, el uso de sustancias puede producir cambios del humor, ansiedad o síntomas psicóticos. Por último, estas sustancias suelen ser utilizadas por sujetos impulsivos y con pobre capacidad de manejar la frustración, quienes a su vez están en mayor riesgo de cometer suicidio.

Particular atención merece el uso de alcohol, el cual se asocia con frecuencia con síntomas depresivos.

La combinación de alcoholismo, síntomas depresivos, soledad e ideas de suicidio es una bomba de tiempo.

Trastornos adaptativos

Los trastornos adaptativos consisten en respuestas emocionales o conductuales de magnitud exagerada en relación con la situación que actúa cómo evento desencadenante. Pueden manifestarse mediante tristeza, ansiedad, alteraciones del comportamiento o combinaciones de los anteriores. El desencadenante suele estar relacionado con problemas de pareja, familia, trabajo, estudio, económicos, etc.

Problemas psicosociales y medioambientales.

Se refieren a:
• Problemas relativos al grupo primario de apoyo
• Problemas relativos al ambiente social
• Problemas académicos
• Problemas laborales
• Problemas de vivienda (Por ejemplo, sin hogar, barrio inadecuado, etc.)
• Problemas económicos
• Problemas de acceso a los servicios de salud
• Problemas legales
• Otros problemas psicosociales o ambientales

Hallazgos clínicos específicos relacionados con el riesgo de suicidio

A continuación repasaremos una serie de hallazgos clínicos que se relacionan claramente con el riesgo de suicidio, independientemente del diagnóstico psiquiátrico que pueda padecer el paciente.

• Ideas de desesperanza (representan el síntoma aislado más frecuentemente relacionado con el suicidio)
• Sentimientos de desamparo
• Insomnio severo
• Somnolencia
• Ideas suicidas persistentes
• Planes suicidas estructurados
• Ansiedad grave
• Ataques de pánico
• Baja autoestima
• Disforia (estado de ánimo desagradable, caracterizado por la presencia de ira y tristeza simultáneas).
• Dificultad para concentrarse
• Síntomas psicóticos (delirios o alucinaciones)


Antecedentes

Los antecedentes que más nos interesan en este punto son:

• Antecedentes de intentos de suicidio en el paciente
• Antecedentes de suicidio en familiares o en amigos cercanos
• Enfermedades incapacitantes o de mal pronóstico


Trastornos de la personalidad y riesgo de suicidio

Los trastornos de la personalidad se relacionan más con los intentos de suicidio que con los suicidios consumados. Los más relacionados con tales intentos son la personalidad histriónica y la limítrofe. La personalidad narcisista y la antisocial se relacionan también con las conductas suicidas, pero en menor grado.

La personalidad histriónica se caracteriza en esencia por la necesidad de ser el centro de atracción y por la excesiva emotividad.

La personalidad limítrofe se caracteriza por la inestabilidad en todas las áreas de funcionamiento y por la impulsividad.

Rasgos de personalidad relacionados con el suicidio

Los rasgos de personalidad más relacionados con las conductas suicidas son los siguientes:

• Necesidad de controlar
• Dependencia
• Impulsividad
• Pobre control de la ira
• Inestabilidad
• Teatralidad
• Individuos involucrados en relaciones simbióticas

Para finalizar, aunque no existe una fórmula mágica para establecer con certeza las probabilidades de letalidad en un potencial suicida y que la situación de cada paciente será única, la evaluación de los factores de riesgo mencionados permite aproximarnos a la gravedad de la situación y a tomar decisiones respecto al manejo de la situación.